El vino blanco nace de una elaboración en la que los hollejos (la piel de la uva) no participan en la fermentación. Aunque se utilicen uvas tintas o blancas, la pulpa siempre es de un tono claro, lo que permite obtener ese característico color pajizo.
Son vinos frescos, ligeros y vibrantes, perfectos para disfrutar jóvenes. Dependiendo de la uva y la técnica, pueden ir desde un perfil seco y mineral hasta versiones más redondas, aromáticas o incluso dulces. Ideales para acompañar mariscos, pescados o ensaladas, los blancos son sinónimo de frescura y de placer inmediato.







[…] los vinos blancos, la fermentación en barrica aporta una textura más suave y sabores más profundos, mientras que […]